En el escenario, Elisa Carrillo parece flotar. No la sostiene únicamente la técnica impecable, sino el peso de los años, la disciplina y los sueños. Desde Berlín hasta su natal México, la primera bailarina del Staatsballett Berlin y Premio Benois de la Danse habla de su trayectoria, su identidad y la responsabilidad de inspirar a las nuevas generaciones.
Por: Vicky Fuentes. Fotos: Erick Pozos. Video: Francisco Cruz, Raúl Arellano y Antonio Caso. Makeup: Adela Sustaita. Hairstyle: Samantha Romero: Locación Banyan Tree Puebla. Asistentes de producción: Hiram Aguilar y Francisco Ruiz. Vestuario: Pineda Covalin
¿En qué momento descubriste que la danza sería tu vida y no había regreso?
Desde muy niña. Una vez que comencé a bailar, se volvió mi mundo. Al iniciar mi carrera profesional entendí que ya no había opción: la danza sería siempre parte de mi vida, dentro y fuera del escenario.

Tu vida transcurre entre Europa y México. ¿Cómo mantienes la esencia en medio de esta dualidad?
Teniendo muy claras mis raíces. Mis padres y mis hermanos me dieron una base muy sólida desde pequeña, y eso me ha permitido mantener los pies en la tierra. Aunque llevo más de la mitad de mi vida en Europa, mi sangre es mexicana, y el amor por mi país me da estabilidad y fuerza.
Puebla se ha convertido en una de tus casas artísticas. ¿Qué significa para ti esa conexión con el público poblano?
Me siento muy agradecida. Desde la primera vez que me presenté en el Auditorio Metropolitano he sentido el cariño de la gente. Ahora ya es una tradición volver. Me emociona ver cada vez más jóvenes y familias enteras interesadas en la danza; eso me inspira a seguir trayendo proyectos y a compartir el arte en diferentes rincones del estado.
Has crecido en la danza desde tus años de formación hasta la madurez artística. ¿Cómo negocias con un cuerpo cambiante en una profesión tan exigente?
Con los años aprendes a conocer tu cuerpo. Sabes qué necesita y qué no. La experiencia te da herramientas: qué entrenar más, qué cuidar, cómo evitar las lesiones. Me siento agradecida, porque mi cuerpo se ha fortalecido y me ha permitido mantenerme activa en los escenarios internacionales.

A través de tu Fundación has inspirado a niñas y niños. ¿Qué les dices a quienes sueñan con ser como tú?
Que todos los sueños comienzan como un sueño. Lo más importante es la disciplina y el amor por lo que haces. Habrá momentos difíciles, dudas, cansancio, pero si tienes clara la meta, la pasión y la constancia te sostienen.


En Berlín eres embajadora de México en la danza. ¿Cómo perciben tu origen en el contexto internacional?
Siempre llama la atención que venga de México. Les fascina. En el mundo entero hay un gran deseo de conocer nuestro país. Para mí es una responsabilidad y un orgullo: no solo llevo mi arte, también llevo el nombre de México, nuestra tradición y riqueza cultural. Durante mucho tiempo nuestro país no figuró en el mapa mundial de la danza. Hoy eso está cambiando, y me emociona apoyar a nuevas generaciones que ya están ganando su lugar en grandes compañías.
Además de bailarina, eres madre. ¿Cómo equilibras la vida profesional con tu hija?
Mi hija está antes que todo. Claro que amo mi profesión, pero ella es mi fuerza y mi prioridad. Es una agenda complicada: entrenamientos, viajes, tareas, funciones… pero siempre encuentro el tiempo para que ella sienta que estoy presente. Si ella está bien, yo estoy tranquila y puedo rendir como artista.
¿Cómo describirías el momento actual de la danza en México?
Ha habido un cambio enorme. Antes la gente no entendía que ser bailarina es una profesión; incluso me preguntaban qué hacía “además de bailar”. Hoy los teatros se llenan en las galas, el público recibe con entusiasmo propuestas clásicas y contemporáneas. En lugares como Puebla y el Estado de México noto un interés creciente, y eso me da esperanza.
¿Sientes que falta apoyo institucional?
Definitivamente. En México los artistas somos los menos apoyados. Hay lugares donde sí existe respaldo, pero en general no se nos da el valor que merecemos. La cultura es un derecho y un antídoto contra la violencia. Por eso es fundamental que haya más inversión, no menos. Yo lo vivo en carne propia: muchos de mis proyectos los impulso con enorme esfuerzo personal.
Estás a punto de iniciar una nueva etapa: en 2026 dirigirás una de las escuelas más importantes de Alemania. ¿Dónde te imaginas dentro de diez años?
No lo sé con certeza, porque mi vida cambia con gran rapidez, pero me veo promoviendo la danza en México y en el mundo. Tal vez ya no en el escenario, pero sí detrás, creando oportunidades para las nuevas generaciones. Quiero que cada vez haya más bailarines mexicanos en grandes compañías, y que la danza en nuestro país sea aún más valorada.
Elisa Carrillo se despide con la promesa de volver a Puebla, donde cada aparición reafirma no solo su talento, sino su convicción de que la danza transforma vidas.