Hablar de Chris Pazcal es hablar de talento, sí, pero también de humildad, autenticidad y fe. Su presencia no necesita imponerse, se siente de manera natural e inevitable. Conocerlo más allá del personaje, como persona, fue un verdadero placer. Él viene de una familia con gran historia —una herencia que se intuye y merece contarse más adelante—, pero es curioso, porque cuando te detienes a observarlo, entiendes que justo ahí nacen sus valores, su autenticidad, su humildad y un profundo amor por lo que hace.
Esta entrevista para INMagazine fue una experiencia especial, marcada por el encanto casi cinematográfico de Val’Quirico. Desde nuestra llegada a ese escenario medieval en Tlaxcala, dejamos atrás lo cotidiano. Chris Pazcal se mostró presente, cercano y dispuesto frente a la cámara con una naturalidad que se agradece.
Al sentarnos a conversar apareció lo esencial: tras el rostro que muchos identifican en la pantalla surgió un hombre apasionado, profundamente conectado con su familia. Al preguntarle cómo se describe, respondió: “Pazcal es un hombre que viene de una familia hermosa. Gracias a Dios me tocó tener una gran familia, que me inculcó valores y me ha dado muchas oportunidades para ser hoy en día lo que soy, tanto en lo personal como en lo profesional. Soy un hombre familiar, y me encanta. Tengo un hijo que cumplió un añito, se llama Lorenzo. Tengo una bella esposa y, gracias a Dios, mi carrera está despegando como yo lo he decretado”.

Desde muy pequeño, el escenario lo llamaba. Soñaba con habitar otras vidas. Pero su mamá, marcada por su propia historia en el medio, quiso regalarle una infancia normal. “Desde chiquito supe que quería ser actor, quería ser artista… pero mi mamá no me dejaba, porque ella creció en este medio. Ella quería que fuera un niño normal, por decirlo así. Pero ella tenía una compañía de espectáculos infantiles, y entonces yo podía actuar en sus shows y hacer algunos comerciales. Desde chiquitito era mi vocación, me encantaba ser otra persona.”
Lo más hermoso de la actuación es que puedes ser quien tú quieras ser.
Con esa claridad llegó otra certeza. Él lo llama ego; yo, convicción: la seguridad de llegar lejos sin apellidos ni presentaciones anticipadas, y lo logró. Hasta que el reconocimiento llegó, su origen no salió a la luz. Su madre es la actriz Magda Karina; su abuela, la actriz y directora Karina Duprez, y su bisabuela, la primera actriz Magda Guzmán. Hoy ese legado no se esconde. Y quizá ahí esté la diferencia entre heredar un nombre y ganárselo.

“Inicié mi carrera abriéndome camino por mí mismo, y hasta que empecé a darme a conocer la gente no supo de dónde venía. Eso fue por orgullo mío y ego, de decir ‘voy a entrar a esta profesión sin que la gente sepa de dónde vengo, sin ayuda de nadie’. Entonces, cuando la gente empezó a averiguar quién era Chris Pazcal, averiguó quiénes eran mi mamá, mi abuela y mi bisabuela. Ahora, yo creo que es muy diferente. Yo veía cómo era mi bisabuela con la gente, y yo dije :‘Yo quiero ser eso’. No se vale que conozcas a alguien a quien admiras y que sea una persona fea. Es lo peor que puede pasarte. Los actores interpretamos personas para que la gente se sienta identificada, para que nos vean y seamos empáticos.”

De Regalo de amor a Mi verdad oculta, Chris Pazcal dio un salto que lo sacó por completo de su zona de confort. En esta última producción interpreta a Mateo Lizárraga, un personaje que marcó su primer protagónico e implicó un desgaste emocional profundo. Sus palabras lo confirman: “Es un personaje complicado, porque requiere entrar en el rango del sociópata o psicópata. No siente empatía por nadie, más que por su mamá. Tiene obsesión por lo prohibido en cuestión de mujeres, y llega al punto de cegar tanto su mente que incluso mata. Entonces, me costó muchísimo trabajo. Tuve que apagar mis emociones en algún sentido como ser humano. Debí aprender a moverme, hablar y pensar como este personaje”.
No es un secreto que, a simple vista, Chris Pazcal encaja en la figura del galán. Sin embargo, cuando lo comenté, la conversación tomó otro rumbo. En una industria que insiste en las etiquetas, Chris cuestionó el concepto, desplazando la idea de belleza hacia un terreno más personal y menos evidente. Y quizá ahí esté el verdadero encanto.
“O sea, para ti ¿qué es ser un galán? Yo creo que el estereotipo también rompe, y por eso he sido muy afortunado con mis personajes. No creo en la palabra ‘galán’. Creo que tu personalidad te convierte en quien eres. Y eso es lo que llama la atención. Lo que volvió tan querido al personaje de Regalo de amor es que no era el típico galán inalcanzable. La gente lo hizo real, no inaccesible. Y eso es lo bonito.”
Cuando la conversación se volvió más personal, todo regresó al punto de partida: su familia. Su amado hijo y su esposa, quien lo impulsa cada día, son su mayor motivación. “Mi hijo Lorenzo me inspira a ser mi mejor versión, a ser más saludable, más trabajador, a ser alguien a quien él pueda admirar, cuando crezca, en todos los aspectos. Me inspira a romper con patrones que a mí no me ayudaron, o que no me gustan de mí mismo”.

Ahora Chris Pazcal mira hacia el futuro, y su sueño es claro: explorar nuevos territorios en la actuación. Y al preguntarle por su personaje soñado, respondió: “Siempre he querido interpretar a un boxeador. Quise ser boxeador de chavito, me metí a peleas, pero evidentemente no tuve corazón, porque no me gusta lastimar. Y para esa profesión tienes que saber que, cuando lastimas, debes seguir lastimando. Pero me gustaría interpretar a un boxeador”.
Al terminar la entrevista, no pude evitar preguntarle: si debiera poner título a la historia de su vida, ¿cuál sería? Se detuvo un momento, lo pensó con calma y respondió: “La constancia y la determinación te llevan a donde quieres”. Y ahí entendí que, a veces, la verdadera historia no es la que se cuenta frente a las cámaras, sino la que se construye cuando nadie está mirando.
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Gracias a PR Talent: Yanko Bribiesca | EmiRec