Puebla es célebre por su gastronomía, con su complejidad y sabor. Pero también lo es por su aprecio por la cocina de otras regiones, siempre que sea auténtica. Y en el corazón de Angelópolis hay un lugar que hace honor a esa fama. En el primer piso de Plaza Marsala se encuentra Alsacia, un lugar que te llevará en un viaje gastronómico a Europa. Por Victoria Pérez-Abad
Fotos: Roberto Ramírez
El restaurante Alsacia es un rincón especial, pleno de elegancia y distinción. Cada detalle de la decoración está pensado para hacer de la visita del comensal algo memorable. En primer lugar, destaca el mural del artista poblano Esteban Fuentes de María, que casi permite tocar a sus protagonistas, “las cigüeñas”. La iluminación, cuidadosamente diseñada, le brinda calidez y vida; las mesas, decoradas con sobriedad, la mantelería café y las sillas cómodas invitan a los comensales a extender la sobremesa.
Con más de veinte años de existencia, el restaurante se ubicó antes en la zona de Zavaleta. Y en todo este tiempo sus platillos conservan la calidad y el sabor que los distingue. En esta ocasión fui acompañada por dos amigos muy queridos, Phillippe y Hanna; el primero es francés y la segunda alemana, y por eso decidí traerlos a este lugar, único en nuestra ciudad. Quise que recordaran la región donde se conocieron, a través del paladar.

Empezamos, al centro, con unas tostadas de foie gras de pato con mermelada de frutos rojos, escargots Marsella, salteados con vino tinto, chalotes, jengibre y un toque de tocino, además de una fondue de trufa. Como plato fuerte, Phillipe pidió filete de pescado a la meunière (le robé un poco: estaba espectacular). Hanna pidió un filete de res en salsa de jamón serrano con guarnición de papas cambray salteadas y melón al grill, coronado con queso de cabra, una combinación que realmente sorprende al paladar. Yo pedí confit de pato acompañado con papas sarladaise y ensalada. La cocción fue perfecta: por fuera, el ave estaba crocante, y por dentro, suave y jugosa. Para el postre pedimos pastel de chocolate —receta de la casa—, crème brulée y tarta de pera. Todos fueron deliciosos, pero mi favorito fue el primero. Su carta de vinos es muy completa.

Junto con Lorraine, Alsacia es una región con carácter especial, fronteriza entre Francia y Alemania. Dueña de una cultura propia, que incorpora elementos franceses, germánicos y otros de origen propio, Alsacia siempre se ha distinguido por sus aportaciones culinarias. El choucroute, la tarte flambée y el baeckeofe son platillos de fama mundial y originarios de esta hermosa provincia.
Sin duda, Alsacia se volverá uno de mis sitios favoritos: es pequeño, íntimo y con un ambiente tranquilo. La música no es invasiva, y en las noches se presenta un pianista. Es ideal para cenas de pareja, reuniones de amigos y cierre de negocios.

Y, como dije al principio, los sillones invitan a ampliar la sobremesa y seguir la plática por varias horas, acompañados de una selección de vinos de calidad notable.
Comida: 9.8
Ambiente: 10
Servicio: 10
Costo por persona: $1,200.
Vale mucho la pena.