La exposición de Santiago Carbonell llega al Museo Internacional del Barroco con una propuesta que invita a cuestionar la realidad, la creatividad y el papel del arte frente a la inteligencia artificial. Por Alma Balderas. Fotografía: Roberto Ramírez Otero.
Santiago Carbonell expone en el Museo Barroco de Puebla una obra que no busca ser cómoda. Habla de pasión, de muerte, de inteligencia artificial y de lo que perdemos cuando dejamos de hacernos preguntas incómodas.
El artista que aprendió a convivir con la duda
Santiago Carbonell habla despacio, con un acento español que él mismo admite que lo traiciona, aunque lleva 45 años viviendo en Querétaro y considera a esa ciudad su pueblo y su querencia. Hay en su forma de conversar una cadencia que parece calculada, pero que en realidad es el ritmo natural de quien ha pasado décadas observando antes de hablar. O antes de pintar. Para él, ambas acciones van juntas.
Lo primero que sorprende de Carbonell es su disposición a la duda. No la duda performativa del artista que finge modestia, sino una genuina incapacidad de verse con claridad. “Toda mi vida luché para parecerme a mí mismo”, dice. “A veces uno conoce las obras, pero no identifica al artista, y el artista a veces conoce a los demás y él mismo se desconoce.” Es una confesión que, viniendo de alguien con su trayectoria, podría sonar a pose. Viniendo de él, suena a verdad incómoda. El tipo de verdad que uno solo dice cuando ya no le importa quedar bien.

Esa tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta atraviesa su obra y, según él, también su carácter. “A pesar de que parezco una persona tranquila y bastante ecuánime, en realidad soy un pozo de aceite hirviendo.” La frase queda flotando. Y cuando uno mira su pintura, empieza a entender que eso no es una metáfora menor.
Cómo la pandemia transformó la pintura de Santigo Carbonell
Durante años, Carbonell se definió no como un artista provocador, sino como un invocador. Invoca el misterio, la soledad, el amor contenido, la pasión sostenida a una temperatura justo por debajo del punto de ebullición. Era un lenguaje refinado, preciso, emocionalmente cargado, pero formalmente contenido, que funcionaba —y ese es el problema: funcionaba demasiado bien— como escudo.

Con la pandemia, algo se fracturó. El miedo concreto a morir, a quedarse sin tiempo, lo obligó a una revisión que no habría hecho en circunstancias normales. “Decidí liberarme de eso y poner más pasión a mi trabajo, ser menos reprimido o autorreprimido.” La exposición que ahora llega al Museo Barroco de Puebla es, en buena medida, el resultado de esa decisión. Una obra que dejó de mirar exclusivamente hacia adentro para intentar captar algo más esquivo: la fantasía colectiva, los miedos compartidos, los relatos que como sociedad construimos para dar forma a lo que no entendemos.
“La fantasía nos hace crear demonios, santos, mártires”, dice. Y en esa frase cabe casi todo: la religión, la política, las redes sociales, la manera como convertimos a personas ordinarias en figuras míticas y luego las destruimos con la misma velocidad. Su pintura no ilustra esos procesos, los habita.

Arte, inteligencia artificial y las preguntas que importan
En algún momento de la conversación, Carbonell menciona que habló con una inteligencia artificial. No lo dice con la indignación de quien siente que invaden su territorio, sino con la curiosidad genuina de alguien que siempre ha estado más interesado en las preguntas que en las respuestas. Le molestaba, cuenta, que la IA hablara tan bien de él. Que no hubiera fricción. Que todo fuera amable y afirmativo. Entonces le pidió que lo odiara un poco. La respuesta lo descolocó: “No, porque si te odio, ya nos quedaríamos callados.” Carbonell se quedó en silencio. Y uno entiende por qué. Porque esa respuesta, generada por un algoritmo, toca algo real sobre la naturaleza del diálogo, sobre lo que significa estar en desacuerdo con alguien y seguir hablando. Sobre lo que perdemos cuando todo a nuestro alrededor está diseñado para validarnos.
No es que Carbonell tema a la tecnología. Le preocupa algo más profundo: un mundo que produzca imágenes sin artistas, experiencias sin fricción, respuestas sin preguntas previas. “Un pueblo sin artistas sería un pueblo sin padres, sin rumbo, sin sueños, sin pasión.” Lo dice sin grandilocuencia, constatando algo que debería ser obvio y, sin embargo, hay que seguir diciendo.
Cubil de quimeras de Santiago Carbonell: una exposición para sentir
Para él, el arte debe funcionar como la vida: como una comedia que inevitablemente termina en drama. No porque el arte deba ser oscuro ni porque la alegría sea sospechosa, sino porque una obra que solo toca una cuerda es, en el fondo, una obra incompleta. Las mejores, dice, dan risa y llanto, provocan soledad y compañía, mezclan la realidad con la fantasía, sin avisar cuál es cuál.

Eso es lo que propone en Cubil de quimeras. No una experiencia tranquilizadora, sino una que obliga al espectador a detenerse, a incomodarse un poco, a salir diferente de como entró, aunque no sepa exactamente por qué. “He visto gente que se ha reído, y otros que han llorado”, cuenta. Para él, ambas reacciones son igualmente válidas. Lo que no perdona es la indiferencia.
Cuando se le pregunta cuál es su obra más personal, esquiva la respuesta con una honestidad que casi duele: la que más quiere siempre es la que tiene en el caballete, la que todavía puede corregir, retocar, manosear. Las que están colgadas en la pared pertenecen a otro estado del tiempo. “Mis obras son medio mentirosas, y nunca voy a saber si son buenas o malas”, dice. Pero asegura que hizo su mayor esfuerzo. Y en ese territorio, entre la mentira y el esfuerzo máximo, es donde vive su pintura.
Puebla como espejo
Hay algo apropiado en que esta muestra llegue precisamente a una ciudad que también carga con el peso de una historia apabullante, que también debe negociar entre lo que fue y lo que es, entre sus vírgenes milagrosas y sus museos contemporáneos —donde se exhibe hoy su obra– , entre la tradición y el presente que no para de acelerarse.
Carbonell lo dice sin rodeos: que los poblanos estudien bien su historia, que disfruten sus tradiciones, sus casonas, sus parques, sus cristos flagelados. Y que llenen sus museos, porque los museos vacíos son una forma silenciosa de abandono. “Los museos son parte de nosotros, y democratizarlos es que siempre estén llenos de vida.”
Su obra llega con cuatro meses por delante para ser vista, para incomodar, para hacer reír o llorar a quien se detenga frente a ella. Eso, al final, es todo lo que Carbonell pide. Que alguien se detenga.
VISITA LA EXPOSICIÓN
Museo Internacional del Barroco
Abierta al público hasta el 19 de julio
Sigue su obra:
Instagram y Facebook: @SantiagoCarbonell
¿Quién es Santiago Carbonell?
Santiago Carbonell es un pintor contemporáneo de origen español radicado en México desde hace más de cuatro décadas. Su obra explora temas como la identidad, la pasión, la fantasía y la condición humana, consolidándolo como una de las voces más reconocidas del arte contemporáneo en el país.
¿Qué es Cubil de quimeras?
Cubil de quimeras es una exposición de Santiago Carbonell que invita al espectador a reflexionar sobre la pasión, la muerte, la imaginación, la inteligencia artificial y los grandes cuestionamientos humanos a través de una propuesta artística profundamente emocional.
¿Dónde se presenta la exposición Cubil de quimeras?
La exposición se exhibe en el Museo Internacional del Barroco y permanece abierta al público hasta el 19 de julio, ofreciendo una experiencia artística que combina tradición y contemporaneidad.
¿Qué relación establece Santiago Carbonell entre el arte y la inteligencia artificial?
El artista plantea que la inteligencia artificial puede generar respuestas e imágenes, pero considera que el verdadero arte nace de la duda, la emoción y la capacidad humana de formular preguntas incómodas, elementos que difícilmente pueden sustituirse.
¿Por qué vale la pena visitar Cubil de quimeras de Santiago Carbonell?
La muestra propone una experiencia inmersiva que invita a cuestionar la realidad, la creatividad y la condición humana. Más que contemplar pinturas, el visitante es llevado a reflexionar sobre su propia forma de entender el mundo.
¿Hasta cuándo puede visitarse la exposición?
Cubil de quimeras estará abierta al público hasta el 19 de julio en el Museo Internacional del Barroco de Puebla.
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